Estaba sentado frente a Graciela en el bar “La Giralda”, mi bar predilecto en la avenida Corrientes. En la mesa del fondo, esa que está junto a la puerta del baño de mujeres, cerca del esqueleto en donde un pendejo nunca para de lavar copas. Estoy de espaldas al baño, es decir, que puedo ver de frente a las mujeres que llegan hasta allí y catalogarlas. Por supuesto que esto sucede en medio del diálogo, a una secreta velocidad masculina. Uno lo hace creyendo que dicha acción es invisible a los ojos femeninos, pero lamento reconocer que sólo es una clase magistral de cinética femenina.
Graciela, detrás de su tabaco, avanzaba a golpes de palabras y miradas a manera del mejor buscapié. Lo hacía a través de preguntas intimistas, tratando de cavar un pozo profundo en el que yo iba cayendo casi sin resistencia. Quizá la mayor esperanza iba sentada sobre el deseo de que al tocar fondo yo pudiese trepar a fuerza de verdades. Una hipótesis sólo creíble bajo el amparo de la ley de probabilidades de amigas maternales.
Entre unos dedos flacos, diría de punguista, humeaba ese maldito cigarrillo, que no dudo en calificarlo de ese modo ya que no paraba de crear unas tinieblas de bolsillo que parecían adiestradas para las mejores confusiones.
Graciela estaba muy bien vestida, diría sin reparos que lo suyo era elegancia pura, como si le hubiera preguntado a una especialista qué ponerse. Su look no era el de unos años atrás, cuando recorríamos cines baratos, o amanecíamos en los bares después de algún recital, tal vez el tiempo con una prolija patinada cubrió aquella mujer a la que yo no podía observar sino a través de una mirada nueva. Si hasta el pelo parecía trabajado en una peluquería y no a los apurones frente al espejo del baño. Aquello que siempre consideré atractivo en ella ahora estaba prolijamente exaltado. Su camisa blanca se ajustaba alrededor de las interesantes tetas y así alcanzaban de inmediato el lógico protagonismo, esto era algo que yo ya sabía, pero la camisa se encargó de recordármelo a cada rato. Ya no usaba un vaquero común y gastado sino un pantalón gris de vestir que armonizaba con el saco azul que colgaba de la silla esperando la oportunidad de ser llamado por la elegancia. Estaba maquillada apenas, sólo observando con fineza uno lo descubría, y así sus ojos marrones se clavaban sutilmente en la presa que iba siendo rodeada por una organizada maraña de seducciones. Debo reconocer que así me gustaba más, ella había encontrado la forma de darse a conocer a través de un tamiz que no alteraba su discurso y le prestaba una gracia que antes el prejuicio le había quitado.
- Dentro de lo tuyo ¿qué cosa a vos te sale bien, como para desde allí dar la lucha?
- Irme…
- ¿Cómo irte? ¿de dónde?
- De todos lados, de los buenos lugares, de los malos, de lo nuevo, de lo conocido, de lo extraño…
- Pero ¿por qué decís eso?
- Y qué sé yo, Grechu. Será que me voy para no ver terminado algo que yo hice. Como si no soportara ver las cosas concluidas, resueltas… no sé. De pronto trabajaste para algo y ahora eso esta ahí, con todas las formas que vos le diste, entonces antes de verlo, y a través de eso verme a mí mismo, me voy. Sí, sé que es algo inconfesable, pero es inevitable reconocerlo. A veces pienso que mi tarea consiste en correr dentro de un círculo, es un encontrar y perder interminable, no sé, ando mal últimamente, como verás estoy en un bajón..
- Bueno, me consta que no siempre fue así, por ahí estás de mala racha y nada más. Yo te conozco desde hace unos años y te vi hacer muchas cosas. Sabemos que estudiaste guitarra un toco de tiempo y en una escuela de jazz, que no es moco de pavo, que después hiciste un par de discos en donde se trabajó muchísimo, para mí ese fue un logro tremendo. Te voy a ser sincera: yo no conozco mucha gente que tenga un proyecto artístico, que tiempo después logre plasmarlo, y además se lo haga público, que suene el radio y salga en las revistas. Qué sé yo, de golpe me imagino que conseguir alguien que financie tu trabajo es algo casi imposible en un país como Argentina…
- Sí, por ahí con algunas cosas logro arrancar y meto presión alrededor, pero al poco tiempo todo se va aquietando, luego las cosas se complican, entonces comienzo a dudar, y al final de cuentas todo se va al carajo. Al tiempo arranco de nuevo y así...
- ¿Y pensás que solamente es tuya la culpa?- Preguntó con ternura.
- ¿Y de quién sino?- Dije riendo de nervios.
- Bueno, habría que ver caso por caso, que sé yo. No siempre la culpa es de uno. A veces las circunstancias se dan de forma tal que estropean los planes de cualquiera, o a lo mejor das con gente que se maneja mal y caés en la redada. Tampoco te olvides de la suerte… a mí se me cortaron varios proyectos en los que yo había hecho mi parte como corresponde, pero no sé si habrá sido la mala leche o qué, la cuestión que todo se fue al diablo. Mirá que el azar no es una ilusión óptica… como yo creía...
- Sé a donde vas, y esa a mí nunca me cabió… creo que uno es responsable de lo que hace, de lo que no hace, y también de lo que se deja hacer, lo que pasa es que es muy jodido reconocerlo y bancarselà, ¿frente a quién vas a confesar semejante conflicto? ¡no, ni ahí, loca! la mayoría de la gente cuando tiene información de ese tipo en la mano aprovecha y busca la manera de joderte.
- Eso es cierto.
- Entonces, para protegerte, te armás de un discurso convincente, ponés un par de palabras psicologistas, que son bárbaras a la hora de las confusiones, y hasta vos mismo te la terminás creyendo. Al toque ponés en acción el plan “B”: encontrar un culpable. Entonces descargás sobre él parte del toco y le chupás energía como para seguir la marcha hasta el próximo bajón. ¡Ya no quiero más, loca… basta para mí! yo sé que uno siempre queda frente a elecciones, lo que pasa es que elegimos mal y después no nos bancamos los resultados. Sartre decía: “uno no aguanta el peso de la libertad” y es cierto, como también es posta aquello de que lo singular de la realidad humana es que es sin excusas… no tengo que colgarme tanto en la pajería de filosofar al pedo, eso ya fue… como ves, mi problema es con los tiempos...
- Bueno, me parece que vos juntás varias cosas y te perdés en la mezcla, pero intentemos ordenarnos, mirá: creo que si hay algo extremadamente difícil, en la vida, es aquello de hacer lo justo en el momento exacto… pero, un buen manejo de los tiempos es algo básico que podrías intentar.
- “and I try, and I try, and I try, I can`t get no…”(le canté) pero la verdad que con el tiempo siempre tuve una relación de mierda… y pensar que cuando vivía con mis viejos había en casa varios relojes y calendarios que miraba con curiosidad. En otras casas sólo los tenían en la cocina, claro, debe ser porque mi viejo tenía un taller y ahí son necesarios, además las casas en donde él compraba materiales se los regalaban, ¿te acordás que antes era muy común que cada negocio te regalaba un almanaque para fin de año? pero bueno, volviendo al tema de mi casa, daba la impresión de que ocupaban un espacio importante en nuestras vidas. Sin embargo el tiempo nunca nos dio ni la hora. Por eso admiro a los tipos que cuelgan esos almanaques con terribles fotos de minas en bolas, en donde ves unas tetas y unos culos increíbles y entonces calás el mensaje: “sí, el tiempo esta ahí, pero hay algo superior que lo maneja…” y yo lo acepto.
- Vos y tus comparaciones…
- Y te digo más: tanto mis viejos, como yo, teníamos la sensación de llegar tarde a todas partes, o al menos creíamos que demorábamos el desembarco mucho más de lo corriente, ese era un tema de conversación cuando nos pasaba algo que nos golpeaba. Éramos los eternos tripulantes de un barco lento, que circunnavega el planeta hacia el oeste, ¿metafísica de barrio, no?
- Eso tiene una respuesta simple, Flenin: tus padres eran pobres, y en los relojes de los pobres las horas no corren, se arrastran. En cambio los relojes de los ricos siempre adelantan, ahí todo se anticipa. Ellos son los eternos invitados a la avant premiere de la película que aun no tiene fecha de estreno, además no sólo ellos llegan primero, también tienen la sabiduría de no anunciarlo, de no contar la trama ni las escenas, de manera que el resto de la gente, como tus padres en este caso, tienen que esperar que algún adelantado falso les traiga las “oxidadas buenas nuevas”, para recién ahí planificar el viaje que los haga llegar tarde y mal.
- ¿Cuál será la salida de emergencia, loco, por favor?- Pregunté entristecido.
- Hoy por hoy creo que es una sola: la capacidad que tenga cada uno de reacomodarse, de saber ponerse en el casillero que más le conviene. Si permitís que “ellos” te pongan en el casillero que más les conviene, estás muerto. Supervivencia del más apto, Flenin… como hacen los políticos de turno y los periodistas que los traducen. ¿a cuántos de ellos los veíamos colgando de la dictadura? en cambio ahora, miralos… evolucionaron hacia un estadio democrático de la noche a la mañana… asaltando la ingenuidad popular a punta de democracia, largando grandes consignas que te demuestran que en la época de los milicos no estaban resistiendo, no, estaban muy ocupados estudiando publicidad, sociología de inodoro… Este sistema tiene una actitud salvajemente centrífuga que hay que saber contraatacar con munición gruesa. El Plan Austral fue un fracaso anunciado y la que se viene va a ser durísima. Por eso mismo, cuando estés frente a otros tipos, pensá en rivales y actuá en consecuencia, es horrible, pero es así.
- Es una cagada…
- Me da toda la impresión de que en este sistema cuando alguien sale con un proyecto bajo el brazo debe ponerse más allá del bien y del mal. - Ella aseguró.
- Sí, pero yo no estoy, como vos, detrás de un mostrador. Yo camino por otros lugares, vendo otras cosas, y entonces, se me hace más difícil pelar una actitud más dura.
- No estoy de acuerdo. ¿qué te pensás, que a mí no me costó un triunfo adaptarme a una guerra que nunca declaré? te vuelvo a repetir la consigna: “supervivencia del más apto”. Cuando viene la inundación hay que treparse a los árboles, los que se quedan abajo pensando, dudando, con miedo o sin entender se mueren ahogados. Cuando mi papá falleció yo no tenía la menor idea de cómo se manejaba la empresa, tanto mi mamá, como mi hermano y yo, solamente sabíamos utilizar los beneficios del negocio, nada más, jamás nos metimos en la cocina de la empresa, ¿para qué? si papá nos resolvía todo y siempre vivimos bien. Cuando a papá le da el infarto yo era nada más que una estudiante aplicada de derecho, metida en lo mío y leyendo “El Capital”, “El Manifiesto Comunista” gracias a los favores de un padre benefactor que cumplía puntualmente. Hice un tremendo clic, me paré en un lugar y desde allí pude ver una nueva realidad: de un lado mi forma de vida; del otro los que podían quebrarla si no tomaba las riendas del asunto. Como verás no había mucho para elegir, Flenin, y estoy más que segura que tu caso es igual, no le des más vueltas al asunto.
- Sí, seguro que le estoy dando vueltas, me meloneo mal, ¡bah! por ahí me ataco y voy al choque y consigo algunas cosas, pero ni bien me enfrío ellos vuelven a poner todo como estaba… hasta mi próximo ataque, y así ando. Con esto pasa como con las minas: cuando vas de levante y conocés una tipa que te copa la encarás y punto, tenés un margen de maniobra bien claro; pero cuando estás frente a una mina que te puede entrar, con la que sabés que cada palabra es un paso más en el pantano del enamoramiento resulta que ahí arrugás, metés medio equipo colgando del travesaño, aparecen todos los fantasmas, y no los que recorren Europa, estoy hablando de los que te caminan por todo el cuerpo. Lo interno de posta mete miedo porque hay demasiado para perder, la cagada es que en esos casos perder no es una simple derrota, es como irse a la “B”, loco, sabés que te van a verduguear en todas las canchas...
- Recuerdo algo muy fuerte que ocurrió una noche en el sanatorio: cuando el caso se empezó a definir, el médico, nos reunió a los tres para decirnos que a papá había que pasarlo a retiro de la empresa sí o sí, que todos esos despelotes de dinero, los clientes, los deudores, y las presiones de todo tipo lo habían puesto contra la pared, y nadie sabía hasta qué punto el corazón estaba dispuesto a aguantar. Como nunca antes me sentí al borde del pánico total, me puse a pensar que se me acababa la jauja, que si no quería perder todos mis privilegios debía ponerle el culo a la jeringa. Esa noche la pasé recorriendo pasillos, rompiéndome la cabeza, y no lo pude hablar con nadie porque mi vieja estaba hecha mierda y no entendía nada, después estaba mi hermano con sus comentarios pseudo optimistas, sus frases pelotudas para disimular el descompromiso, y esa cosa de trabajar de sensible, pero paralizado, o sea: arreglate vos y no me jodas. Ya de madrugada, sentada en el bar, tuve un ataque de lucidez, bah, en realidad creo que el ataque consistió en borrar de un plumazo tanta estupidez, y entonces decidí hacerme cargo de la empresa, ponerme al tanto de todo e ir resolviendo sobre la marcha. Cuando me senté en el sillón de la oficina lo primero que descubrí fue que papá era un ingenuo.
- Y claro, tu viejo venía de otra época, con otros códigos…
- Sí, todo muy bonito, pero resulta que mi padre tenía clientes que también eran de otra época, con esos mismos códigos, supuestamente. Sin embargo, no te das una idea con que velocidad supieron adaptarse a los nuevos tiempos. De inmediato implementaron políticas de incumplimiento como táctica de ablande, especulaciones de todo tipo y el costado sucio de los negocios, para esas cosas los argentinos son mandados a hacer. Después del entierro venían a la oficina a hablarme de mi padre, a contarme anécdotas cómicas, a recordar los buenos viejos tiempos, pero en realidad lo único que buscaban era un plan de pagos a su medida. ¡Ah, no sabés!, hasta hubo algunos que pretendieron confundirme para zafar, pero no, enseguida los puse en la lista de los no confiables y no me dejé versear…
- ¿Tu viejo se murió al toque, no?
- Exactamente a la semana de mi ingreso a la empresa… creo que esperaba a que yo me acomode, ¡hasta para eso fue bueno…!
- Y ahí se te vino la noche…
- ¡Y sí, imaginate que tuve que tomarme tres días como para poder reaccionar! aunque de todas formas, no me sorprendió un desenlace de ese tipo. Papá no logró salir de terapia intensiva y se percibía en el aire que algo así podía pasar, en esos momentos una trata de agarrarse de cualquier cosa pero se lo veía muy mal a papá… acostumbrada a verlo echo un roble … y después verlo tirado ahí, con todos esos cables que, al final, no transmitieron nada. Lo extraño fue que tuve dos reacciones bien demarcadas: por un lado una tristeza tan absoluta como novedosa, la muerte nunca había entrado a casa; y por otro viví un verdadero ataque de odio, sabía que la muerte de mi padre no tenía culpables, pero sí responsables, de manera que prometí luchar hasta ver destruidos a cada uno de ellos.
- ¿Vos te referís a los tipos que le debían guita y todo eso?
- Exacto. Ellos no podían zafar así nomás, porque no sólo teníamos papeles de todas sus deudas, sino que, además, necesitaban la materia prima que siempre les proveyó la empresa, de modo que no tenían escapatoria: o pagaban para ponerse al día, o les iniciábamos acciones legales, lo que significaba, lisa y llanamente, su quiebra. Y a mí no me iban a ablandar. No teníamos un pasado en común, más bien un presente bastante distinto. A uno de esos “amigos” le dije: “sí, muy sensibles sus anécdotas, pero acá hay una factura que usted no pagó, en cambio la herramienta sí fue retirada, yo no le hago una cosa así a mis amigos…” ¿sabés qué hizo el tipo? sacó la chequera y me pagó, eso sí, a sesenta días, pero por supuesto que lo hizo sintiéndose molesto por el mal momento que le hice pasar, ¡no se puede creer…! además de estafarte la juegan de ofendidos. No Flenin, duro con ellos, si andar bien con esa gente no te va a servir de nada, sólo te van a usar, nada más. Una a veces especula frente a ellos, pero en verdad les tiene miedo, no se tiene confianza como para ponerle los puntos. Fantaseamos con trabajos, planes compartidos, un final de acuerdo a nuestros deseos, pero los tipos saben que una hace eso por temor, entonces doblan la apuesta y se ponen más crueles. Mientras una da vueltas por el bosque buscando alimentos, ellos, tienen clavado el ojo en la mira para asegurarse que el tiro sea perfecto, en cuanto te sentás a comer, ¡pum!
- Claro, Grechu, pero vos estás del otro lado del mostrador, te repito, ¿no te das cuenta que yo no puedo apretar a nadie? ¿sabés qué tengo en la mira? que me van a echar a patadas en el culo. Yo vivo de hacer canciones o de las clases de guitarra, así que para mí es muy simple: el que quiere pagar, bien, y el que no, se va, pero yo no puedo obligarlo a nada. Los productores te dicen que tenés que hacer un hit que venda una bocha; los boliches te exigen que les lleves una multitud que primero pase por la boletería y luego, sedienta a más no poder, les vacíe la heladera; las radios te prometen pasar tu disco “con toda la onda, loco” a cambio de que la grabadora ponga una pila de billetes; la prensa está dispuesta a comentar tu trabajo y preguntarte todo lo que querés contar, siempre y cuando les compres un buen espacio de publicidad. Pero si vos sos un pobre poligrillo que solamente intenta vivir de su laburo, ¿de dónde carajo sacás la guita para bancarte la carrera? acá todos exigen, menos el que crea.
- Bueno, primero reuní el capital y después dedicate a hacer “arte”, ¿no te das cuenta que acá las cosas están armadas de manera tal, que solamente aquellos que tengan sus necesidades básicas resueltas puedan dedicarse a cualquier manifestación artística? ¡cultura para los ricos! ¡los pobres a producir, que la fiesta necesita de tantos sirvientes como ingredientes! si tuvieras que salir a golpear puertas, a recorrer oficinas, a chuparles las medias a los que dirigen, ¿me podés explicar cuándo trabajás? y además ¿de qué vivís mientras tanto? ¿no te das cuenta que siempre te agarran necesitado? ven tu cara de desesperación y te hacen firmar la pena de muerte. Mientras vos ponés a su alcance tu necesidad, ellos están ahí, atrincherados detrás de una frialdad tan segura como indiferente. En cambio cuando vos tenés tu propio capital, o directamente te hacés independiente, o te reunís con ellos, pero en un marco de tranquilidad, es decir, si las condiciones no te favorecen te das media vuelta y te vas a tu casa.
- Para vos todo es sencillito, me parece que vos te despertaste y yo soy un colgado...
- ¿Qué me desperté? ¿cuándo? ¿y vos colgado, de dónde? ver esas cosas no es despertarse, de última es ser consciente de tu propia pesadilla, que es un poquito la de todos, o al menos la de muchos, es cuestión de aceptar las reglas del juego, Flenin. Ojo, mirá que acá han pasado, y de un plumazo, del terrorismo de estado al terrorismo económico, y en esto también ya hay una extensa lista de desaparecidos, y la que falta todavía, apurá a tu capacidad de reacción, haceme caso. El futuro contingente de Madres de Plaza de Mayo irá a manifestar a las puertas de los bancos, de la Bolsa, del Ministerio de Economía, del Ministerio de Trabajo… se van a tener que repartir porque ya no hay una Bastilla adonde ir.
- Qué buena metáfora...
- Pero Flenin, ¿adónde vamos a ir a buscar al rey, adónde están los grandes capitalistas? no están, no los vemos, es como si estuvieran en todas partes y en ninguna a la vez, la buena metáfora la hacen ellos. Tienen el poder suficiente como para proyectar un laburo a largo plazo, que es lo que mejor saben hacer, así te van dejando afuera poco a poco, sin que vos te des cuenta, y no es sólo un problema de dinero, también hay un tipo de exclusión que pasa por lo socio-cultural. Llegado el caso puede ser que un hijo de vecino logre reunir la cantidad de dinero necesario como para la inscripción, pero no, resulta que hay por ahí un componente que va más allá del dinero, un filtro irreconocible para mucha gente, y te cierran la puerta. El poder no está solamente para reprimir, no te creas que es tan débil, ese es sólo uno de sus tantos argumentos.
- Sí, pero estan armando una bomba de tiempo.
- No es un problema para ellos. Lo que ocurre, Flenin, es que es un sistema de dominación muy difícil de desarmar, no es como antes en donde vos establecías como enemigo a un sistema de explotación, entonces la lucha se daba en el plano laboral, a través de los sindicatos, con los medios de producción y todo eso, ahora ya no es así, esto no es algo que sucede, que está en un sitio y lo ves, es mucho peor, es un proceso y la gente se relaciona de una manera casi abstracta y entonces es desesperante sentir que te estás relacionando con un sistema que está en todas partes, pero no conocés su cara, su cuerpo, su dirección, por eso habrá que replantearse una nueva forma de rebeldía, ya no es cuestión de marchar rumbo a la Bastilla, ¿adónde queda la Bastilla, Flenin? además nadie vio la nueva Bastilla, o sea, que ni siquiera podríamos reconocerla.
- A veces creo que estamos cayendo en un agujero negro, nada más que no nos damos cuenta, y lo peor es que mientras caemos nos vamos imaginando cosas, lugares, situaciones, o que somos los últimos de la fila... y pensar que vamos en caída libre... en ese mundo que vemos atrás del vidrio cada vez estamos más solos y la política se cayó de la lista de cosas que contienen a la gente. Tengo para mí que la derrota es dura y que ahora viene el tiempo de las humillaciones, no va a ser fácil bancarselá.
- Ahora que salí del Partido, que estoy absorbida por la realidad externa y, sobre todo, desencantada, pienso que muchas cosas que anunció Marx no solamente no se cumplieron en absoluto, sino que se invirtieron y se dan con la crueldad del efecto contrario. O a lo mejor siempre fue así pero nosotros quisimos creer lo contrario, y ahí está la clave: me parece que queríamos creer, no queríamos saber, por eso leíamos a tipos que por ahí nos enseñaron a imaginar cómo tendría que ser, pero no a resolver sobre lo real.
- Y claro, vos podés desear, pero siempre hay que fijarse si no tenés un Videla cerca... ¿no estaremos parados en la estación de un ramal que ya no circula?
- Yo no sé dónde estás parado, lo único que sé es que mientras vos buscás respuestas poéticas los otros están ocupando todos los espacios. Así que volviendo a lo tuyo, no pienses que diciéndote todo este discurso nihilista pretendo que ya mismo abandones la poesía, eso nunca. Simplemente te pido que le construyas alrededor una fosa y la llenes de cocodrilos… podés pelear con tus cosas, pero metete en la cabeza que tu producto tenés que venderlo, y no prestarlo.
- No es tan fácil, nena… a veces pienso que me salí de la realidad…
- No te entiendo…
- Sí, vos sabés que afuera hay muchas realidades, pero sobretodo hay una en especial, digo, una que contiene muchas cosas y a mucha gente, bueno, precisamente de esa yo salí, como si de pronto uno de los planetas fuera liberado y se saliera de su órbita, de un espacio - tiempo determinado…
- Eso, físicamente es imposible…
- Debe ser un asunto de velocidades, o no sé qué, es algo que alguna vez lo charlé con mi amigo Carlitos “Software”, no sé cómo explicarlo, pero bueno, eso es lo que siento, que me caí y que ahora viajo alejándome del centro de gravitación. El tema es que voy a tener que encontrar algo que me traiga, que me ponga ahí, al pie del cañón.
- Mm… eso me suena a permiso para no recoger el guante…
- Pensar que antes nos criticaban porque nos fumábamos un porro, ahora resulta que para que entremos en el juego de ellos nos exigen que tomemos merca para estar todo el rato al palo; a otros, esos que están pasados de rosca, los acorralan con lexotanil o valium; a los que la van de nerviosos pero no se animan les dan tabaco, los débiles al manicomio de una, y eso que el único premio consuelo es ser explotable… ¿quién carajo los entiende…?
- Yo creo que con vos sucede todo lo contrario, si querés pelear por un lugar en el sistema, para después desde ahí hacer la tuya, tendrías que estar bien despierto…
- ¿Y quién te dijo que la merca te duerme?
- Bueno, no sé, digo, me da la impresión que tendrías que estar muy concentrado, muy atento, pensá que después de todo vas a tener que dar batalla en un terreno desconocido, en un ambiente que te es hostil, vas a tener que manejar información nueva y sobre la marcha tener una altísima capacidad de reacción instantánea, y para eso vas a necesitar estar bien descansado y con una gran cuota de tranquilidad…
- ¡Justo yo! vos sabés muy bien que siempre fui un desesperado especializado en urgencias… esa es la que siempre me cabió…
- No me hagas reír…
- ¿…?- Encogí los hombros, las facciones del rostro, y fui un resto de oscuras dudas.
- ¡Ya sé! lo tengo, Flenin: ¡tenés que analizarte!
- ¿No me digas? ¿y qué hago? llego al consultorio y le digo al tipo, mire, tengo un gran problema, viví muchos años con una mina que me engañaba, que se iba con el primero que pasaba: “la realidad”.
- Ja, ja, ja… sos cómico ¿eh?
- No, eso no es para los tipos como yo, los analistas son chabones que se pasan la vida faenando humillaciones ajenas…
- ¡Eh…! ¿no te parece que sos un poco exagerado? yo me analizo desde hace siete años, y la verdad que me vino bárbaro. Ni bien salí del secundario empecé, y me aclaró un montón de cosas, desde mi relación con el sexo, pasando por los tipos, hasta la decisión de elegir una carrera, creo que la cuestión es dar con la persona indicada, como todo, bah.
- ¿Sabés qué me gusta de vos? la capacidad que tenés para aclarar todo, para encontrarle la vuelta a las cosas, sos tan... racional, que sé yo... para mí es como si cada vez que nos encontráramos me trajeras noticias de un mundo lejano, de una civilización en extensión, pero después llego a mi casa y y pienso que vos estás bien parada en este, soy yo el que se duerme la siesta imaginando otro.
- Y sí, no me consta que sea tan lejano, pero sí me parece que el que se aleja sos vos, es verdad. ¿será que tendré que revisar mis conocimientos de cinética para comprenderte?
- ¡Te gustó la de Carlitos Software! ¿vos sabés que ese chabón colecciona teorías?
- ¿Eh?
- Sí, está totalmente del cráneo, tirado allá por Flores y haciendo experimentos raros, hablando de la belleza de la matemática. Un día te lo voy a presentar, ese es de los tuyos.
- No me digas que es del Partido…
- No, es radical.
- ¿Por eso quedó así…?
- Lo que pasa que es hijo de españoles y cuando escuchó al gallego Alfonso recitar el Preámbulo sin nombrar al almacén ni al Deportivo Español se emocionó…
- Pero hablando en serio, no te compliques, haceme caso, este es un buen momento para entrar, no te das cuenta que hoy está todo en vías de desintegración, lo cual significa que hay agujeros por todos lados. Lo que ocurre es que esos agujeros no están a la vista de todos. Vos te buscás el que te quede más cómodo y te filtrás a través de él… mirá que esto se está cerrando, y cuando no haya más lugar se termina y por mucho tiempo…
- Seguro que vos tenés razón, pero no sé, me pasa algo muy jodido. Vos me pasás un par de datos copados, pero no tengo dónde aplicarlos, no puedo dejar de ser quien soy, y al final de cuentas uno es lo que hace… yo entiendo que acá hubo un cambio muy fuerte, que prácticamente se dio vuelta todo, qué se yo, pero hay hay algo desconocido que me supera. Por ejemplo, en mi trabajo el cambio es tremendo, resulta que han aparecido varias bandas haciendo cosas divertidas, alegres, muy modernas, y yo estoy colgado de otro gancho… esos tipos están tan contentos porque no sufrieron nada, algunos ni se dieron cuenta de lo que estaba pasando a su alrededor. A otros directamente no les importó porque estaban muy ocupados con sus “proyectos”. Y después están aquellos que lo vivieron debajo de la cama y ahora salen a hablar de resistencia. Me da bronca que no haya lugar para los enojados. Yo no la juego de víctima, pero tampoco soy tan boludo como para creerme que debemos disfrutar de una especie de posguerra para hipócritas ¿por qué tengo que salir a revolear el culo, a bailar como un pendejo deportista, y a poner cara de que está todo bien?, en los `60 Mick Jagger hacía rock and roll, era un zarpado. Ahora se la pasa revoleando el culo para los conchetos tratando de congelarse en los veinte años y haciendo música para las discotecas. Al final de cuentas: antes porque los milicos nos obligaban a llorar, y ahora porque la primavera alfonsinista decretó que me tengo que cagar de risa, ¿y cuándo hacemos la posta? vamos a ver qué pasa cuando todos estos “divertidos” tengan en la bolsa la guita que necesitaban…
- Son músicos, Flenin, quieren ser famosos, ganar mucho dinero, que las chicas los persigan por la calle, no van a hacer la revolución, y si un día estalla todo se van a enterar por la “Guitar Player”. ¡ojo!, que por ahí estás mirando fotos viejas… - Ella seguía segura.
- Y bueno, será cuestión de seguir coleccionando “llegadas tarde…” al final en Vigilandia siempre es igual, lanzan una cacería en el zoológico y siempre caemos los mismos giles, los cautivos que vivimos a expensas de los cazadores de turno. – Dije resignado.
- Cuando alguien empezaba a llorar así, mi viejo, le decía: “oiga, viejo, ¿está tramitando el carné de socio de Racing?
- ¡No por favor, eso jamás! antes prefiero el destierro.
- Poné toda la energía en cambiar tu relación con el dinero, haceme caso. Cada vez que vayas a hacer una operación pensá en tu propia necesidad, negociá con el otro, pero priorizando siempre tu propio deseo. Te va a costar horrores convencer a los demás de que tu trabajo vale tanto, pero juntá fuerzas de donde puedas y hacelo porque allí radica la clave de todo. Si lográs tener una buena relación con el dinero entonces vas a estar parado en el eje principal de este sistema. Yo conozco muchos proyectos tuyos y realmente me gustan, te considero un tipo creativo, pero ese es sólo el primer paso, la idea, el segundo es ser autosuficiente, y el tercero es ponerlo en el mercado.
- Pasando a otro tema: ¿sabés que este año voy a grabar un nuevo disco?
- No sabía nada.
- Creo que voy a necesitar reunirme varias veces con vos…
- Marx decía que el arte sólo puede progresar hacia su propia autoaniquilación… pero, bueno, mientras tanto te podés ganar unos pesitos. De cualquier forma podemos debatir. Yo vendo torres para tornos, pero la venta es una sola. De un lado estamos los que producimos cosas, y del otro los clientes a los que tenemos que atacar. Les podemos tirar con torres, discos, hamburguesas o pantalones, pero la cuestión es que todos vamos al mismo campo de tiro.
- Yo me resisto a creer que tengo que componer canciones a medias con los bancarios…
- Sí, estoy de acuerdo con vos, pero en parte. Si bien es cierto que uno triunfa si logra que el proyecto resista la prueba del resultado, no es menos cierto que el resultado sea proporcional a la cantidad invertida.
- ¡Uf, otra vez con esas definiciones exactas…!
- Es más fuerte que yo…
- Tendría que grabar una versión de ese tema de Manal: “Ahora me toca huir a mí, nene, a tiempo antes que me den…”
- ¡Uy, qué viejos que estamos, Flenin! ¿cómo se llamaba esa canción?- Preguntó melancólica.
- “Blues de la amenaza nocturna”
- ¡Claro! ¿sabés los años que hace que no la escucho…? ¡cómo me gustaban las letras de Manal, qué capo Javier Martínez, por favor!
- Hablando de cosas viejas: ¿a que no sabés qué dan hoy en el Teatro San Martín?
- Ni idea, hace muchísimo que no ando por ahí.
- “El discreto encanto de la burguesía”, para mi gusto, la obra maestra de Buñuel.
- ¡Esa película es increíble! ¿te acordás que la vimos un par de veces en el viejo cine Arte? ¡qué genial eso de ir enganchando los sueños de los burgueses! esos que se reúnen todo el tiempo a malgastar el estado de vigilia contando sus sueños extraños, además los muestra en estado bruto, es muy cruel, bueno, Buñuel era marxista... - Pareció alegrarse al recordar.
- ¿Te acordás que hay una escena constante? esa en la que el grupo de burgueses va caminando por una ruta desierta, y da la sensación de que no vienen de ninguna parte y que van hacia ninguna parte, solamente caminan como agitados bajo el sol, transpirando y secándose con una patética elegancia, se mueven todo el tiempo y nunca dicen nada.
- Me acuerdo esa parte cuando un grupo de milicos está haciendo maniobras y llegan a casa de uno de los protagonistas, entonces el general se pone a contar historias mientras arma un porro y lo convida al cura… - Recordé esa escena genial.
- Buñuel es lo más… - Dijo eufórica mientras abría ambas manos estirando cada dedo.
- ¡Uy! ¿me acuerdo una vez que la vimos y que a la salida nos llevaron presos al Departamento de Policía en colectivo?
- Sí, ¡qué bajón…! lo habían estacionado en la calle y en la vereda formaron dos cordones con policías, y a medida que la gente salía del cine los cargaban en el bondi, nada de pedir documentos ni un carajo… adentro y se terminó…
- Que después varios chicos empezaron a tirarle piedras a la policía y se armó un lío tremendo en Diagonal Norte y Cerrito...
- Es que se fueron al carajo, loca, llevaron un toco de gente en cana y ya tenían podrido a todo el mundo. No recuerdo bien si fue esa semana, pero hubo una en la que fui preso cuatro veces, fue mi récord. Una vez me cazaron cuando entraba a ver “Rock hasta que se ponga el sol”; la otra fue a la salida de “Gritos y susurros” en la Cinemateca S.H.A, y me parece que una noche me levantaron en Plaza Lavalle tocando la viola.
- Gritos y susurros… - Y se fue tras el recuerdo hasta que pudo continuar.- ¡qué película fuerte! una historia redensa sobre tres hermanas, ¡qué películas, por favor…! recuerdo una escena realmente impresionante en donde un tipo quiere acostarse con una de las tres hermanas, lleva champagne y no le importa nada de lo pesado que sucede alrededor. Entonces la mujer se recuesta sobre la cama, pone en su cara una mirada tan sensual como cínica y mientras lo incita al combate cuerpo a cuerpo rompe la copa, toma un pedazo de vidrio y se lo coloca en la vagina…¡terrible!
- Si nos habremos devanado los sesos tratando de explicarnos las películas de Bergman, los simbolismos de Fellini, el humor cínico de Buñuel, la maravillosa “Rey por inconveniencia” de no recuerdo quién, que yo pensaba, en una época, que era la mejor película de todas… ¡qué tiempos aquellos, diría un tanguero! lástima que alrededor nos revoloteaban esos milicos hijos de puta…
- A veces pienso si no me habré asustado demasiado con toda esa pesadilla… y que al fin de cuentas, con el pretexto de la muerte de mi papá, aproveché para dejar de lado aquello de “Un fantasma recorre Europa…” y meterme de lleno en el cálculo económico de costo y beneficio… Lamentablemente no me queda claro qué pasó: ¿tuvimos una cruel adaptación luego de la derrota? ¿o no será que al final retomamos aquello que en realidad éramos en esencia? es una crueldad pensarlo, pero es cierto sería una infamia no hacerlo. Como si nos fuéramos entreteniendo con las modas del momento, pero cuando la cosa se pone densa, vienen, nos pegan dos gritos, nos muestran un par de castigados y entonces nos sacamos el traje de progresista y nos calzamos ese guardapolvo gris que a los argentinos nos sienta tan bien. El otro día le decía a una amiga algo feo y pesimista: “acá las cosas van a terminar mal, me refiero a lo económico, lo social, lo cultural, y cuando eso se cumpla habrá que tener el coraje de reconocer que lo tenemos merecido, no puede ser que sucedan cosas tan tremendas y una sólo tienda a readaptarse a las nuevas reglas, a justificarse mediante un hipócrita repertorio de bajezas”.
- ¡Duro lo suyo...!
- Mirá, Flenin, si me pongo una mano en el corazón y soy sincera con vos, debo reconocer que no me faltan oportunidades para sentir una gran melancolía por toda esa época en la que yo, quizá, no era otra cosa que yo misma…
- ¡Cuidado Gracielita! ojo que la melancolía tiene sus propias leyes, y la primera es multiplicarse…
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